#Columna FÉLIX: ¿EL SIGUIENTE?

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 TRASFONDOS

Por Eduardo Camacho Rivera

Félix: ¿El siguiente?

No parece muy factible ver por el momento el inicio de alguna acción legal realmente comprometedora contra el exgobernador de Quintana Roo y actual senador, Félix Arturo González Canto, aunque sin duda el escandaloso caso y detención de su pupilo, el también exgobernador Roberto Borge Angulo, lo trastoca y lo ha puesto de nueva cuenta bajo los reflectores por sus estrechos y conocidos nexos e intereses comunes.

Después de todo, en el caso de Félix, la deuda de Quintana Roo se disparó irracionalmente al pasar de los mil 257 millones de pesos en que la dejó el exgobernador Joaquín Hendricks Díaz (1999-2005), a más de 10 mil millones de pesos, muchísimos de los cuales acabaron –se dice- en las cuentas bancarias del propio Félix y/o de sus prestanombres, como se especula desde el 2011, cuando entregó la estafeta a Borge Angulo.

El problema es que ya pasó mucho tiempo. Sí Félix González Canto incurrió en algún o algunos presuntos delitos, estos ya prescribieron, amén de que el cozumeleño se blindó de inmediato con la senaduría que se le agotará el próximo año, por lo que se dice que ya desde ahora busca la diputación federal por el Distrito Electoral Federal 01, correspondiente a Playa del Carmen y Cozumel.

Las aguas se enturbiaron para Félix desde el momento mismo de su conclusión como gobernador de Quintana Roo, hace seis años, porque incluso en la capital del país fueron colocados algunos espectaculares en los que se la acusaba de haber incrementado la deuda pública a 13 mil millones de pesos.

Pero desde entonces, hábil operador e hiperactivo como es, ha enfrentado relativamente con éxito los embates que se le han presentado, caso contrario al de Roberto Borge, quien con su perfil autoritario, cerrado y políticamente torpe, terminó por dejar a flor de piel las numerosas corruptelas, abusos y delitos diversos que se le imputan.

Eran una íntima mancuerna. Por eso Félix heredó a Beto Borge la gubernatura, y por eso Borge cuidó a su manera los intereses de Félix, aunque al final Borge cayó al precipicio.

Mucho tuvo que ver en esto la falta de capacidad de Borge para colocar a su sucesor. No le gustaba en realidad gobernar ni mucho menos cabildear, negociar o convencer. Le gustaba exhibir poder, aplastar, que es diferente, y al iniciar esa caída libre que ahora lo tiene tras las rejas, ha incomodado a su gran impulsor y protector.

Se dice que en la etapa final de la administración de Borge, Félix se mofaba al señalar que “hemos estado 18 años en el poder, y vamos por otros seis”. Se refería al sexenio de Miguel Borge Martín (1987-1993), tío de Beto Borge, así como a su propia administración (2005-2011) y a la de su malogrado pupilo, Roberto Borge (2011-2016).

Los otros seis años correrían a cargo de Mauricio Góngora Escalante, otro íntimo integrante del círculo relacionado con el manejo de las finanzas. Pero las cosas salieron mal. La gubernatura la ganó el enemigo de la dupla Félix-Borge, Carlos Joaquín González, y con ello empezaron los graves problemas, cuando menos para Borge.

Félix González Canto ha enfrentado todo tipo de cuestionamientos. El factor Borge lo ha desgastado y desacreditado más de lo que seguramente él, Félix, había calculado. Tendrá que dedicar más tiempo y trabajo a eludir las embestidas, pero no hay elementos para suponer que, como Borge, enfrentará a la justicia. Por ahora.

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