Este martes se confirmó el fallecimiento de Mario Bernardo Ramírez Canul, jurista, notario, político y educador chetumaleño que formó parte de la primera generación de diputados constituyentes encargados de dar vida jurídica a la entidad en 1975. Su partida marca el adiós a una figura clave en la construcción institucional del estado y a un personaje estimado por generaciones de quintanarroenses.
DE CHETUMAL A LA UNAM: SUS PRIMEROS PASOS
Nacido el 20 de agosto de 1944 en Chetumal, Ramírez Canul se graduó como licenciado en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México en 1970. De regreso a su tierra natal, se integró rápidamente al servicio público como presidente de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje del Territorio de Quintana Roo, a la par que iniciaba una intensa labor docente en planteles de nivel medio superior, donde llegó a ser director del Centro de Estudios de Bachillerato Técnico Eva Sámano.
Su vocación académica lo llevó a impartir materias como Economía, Problemas Políticos y Sociales de México e Introducción al Estudio del Derecho, marcando a varias generaciones de estudiantes.

ACTOR CLAVE EN LA TRANSICIÓN A ESTADO
Su carrera política comenzó con el PRI territorial, donde fue secretario general del Comité y presidente de la Comisión Tripartita entre 1972 y 1976. Esa experiencia le permitió integrarse como Oficial Mayor y Secretario Particular del primer gobernador constitucional, Jesús Martínez Ross, en el momento crucial de la transformación de Quintana Roo de territorio a estado libre y soberano.
Con la convocatoria a elegir diputados constituyentes en 1974, Ramírez Canul fue electo por el Distrito I (Chetumal) y participó activamente en la redacción de la Constitución Política del Estado de Quintana Roo, promulgada el 9 de enero de 1975. Su firma y aportaciones quedaron plasmadas en el documento fundacional que dio identidad política y legal a la entidad.

UN LEGADO DE SERVICIO PÚBLICO
Tras su paso por la legislatura constituyente, Ramírez Canul se desempeñó como procurador de Justicia, delegado federal de la Secretaría del Trabajo, magistrado del Tribunal Superior de Justicia y finalmente como notario público en Cancún, cargo en el que consolidó su prestigio profesional y ético. Su figura se distinguió tanto por su entrega institucional como por la calidad humana que le valió el reconocimiento de colegas, alumnos y ciudadanos.
Con su fallecimiento, Quintana Roo pierde a uno de los arquitectos de su vida institucional, pero queda el recuerdo de un hombre íntegro, comprometido con la justicia y la educación, y orgulloso hijo de Chetumal. Su legado perdurará en la historia política y jurídica del estado.






















