CDMX..- La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), no solo representa un golpe al crimen organizado, sino que volvió a colocar en el centro del debate la profundidad de la cooperación entre México y Estados Unidos en materia de seguridad.
Aunque autoridades mexicanas han sostenido que el operativo fue ejecutado por fuerzas nacionales, el contexto internacional que rodeaba al líder criminal explica por qué Washington tenía un interés estratégico en su captura. El gobierno estadounidense ofrecía hasta 15 millones de dólares de recompensa por información que condujera a su detención, una de las más altas vigentes contra un narcotraficante mexicano.
Desde hace años, la colaboración bilateral en el combate al narcotráfico incluye intercambio de inteligencia, rastreo financiero, seguimiento satelital y análisis de redes criminales transnacionales. Este esquema permite que información generada por agencias estadounidenses sea canalizada a autoridades mexicanas, quienes ejecutan las acciones en territorio nacional bajo su propia jurisdicción.
Tras el operativo, voces como la del exfuncionario Simón Levy atribuyeron públicamente el resultado a presión del presidente Donald Trump y del secretario Marco Rubio. Sin embargo, hasta el momento no existe confirmación oficial que indique intervención directa de fuerzas estadounidenses en la operación.
Analistas en seguridad sostienen que, más que una acción unilateral, el abatimiento de Oseguera Cervantes sería el resultado de una cooperación estructurada que opera desde hace décadas entre ambos países, particularmente cuando se trata de objetivos prioritarios con impacto en el mercado estadounidense de drogas.
El caso ilustra cómo, en la lucha contra organizaciones con presencia transnacional, la frontera entre operación nacional e inteligencia compartida se vuelve difusa, aunque formalmente la ejecución permanezca bajo mando mexicano.






















