#Columna: JUICIO CRÍTICO | AMLO-ELBA ESTHER: EL ACUERDO POLÍTICO QUE INCOMODA Y CUESTA ADMITIR (Por Jorge Alfonso Castro)

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JUICIO CRÍTICO

Por Jorge Castro Palacios

 

AMLO-Elba Esther: el acuerdo político que incomoda y cuesta admitir

Nunca falla: cuando se habla de personajes turbios que ‘mágicamente’ son absueltos de la noche a la mañana, o de otros que caen, siempre hay detrás un sinnúmero de hipótesis que entrelazan los vínculos de poder, las venganzas y los favores políticos. Tenemos también un sinfín de ejemplos registrados durante los últimos años en México, como el famoso “Quinazo” de Salinas de Gortari y –para no irnos tan lejos- el mismo encarcelamiento de Elba Esther Gordillo, en febrero de 2013.

Ignorando o negando que Andrés Manuel López Obrador ya ostenta un enorme poder político y de gobernabilidad –incluso antes de que el tribunal electoral lo ratificara como presidente electo-, muchos han señalado directamente al casi ‘fantasma’ de Enrique Peña Nieto como el principal responsable de la libertad de la “maestra”, quien en su momento fue una detractora, junto al Sindicato Nacional de Trabadores de la Educación (SNTE), del proyecto que encabezaba el entonces candidato priísta.

Las diferencias públicas que Elba Esther tuvo con Peña Nieto durante la campaña de éste, en 2012, presagiaban el “castigo” de la líder sindical, que el día de ayer dejó su arresto domiciliario por orden de un tribunal unitario, cayendo así las acusaciones en su contra por delincuencia organizada y ‘lavado’ de dinero. Así entonces, el mismo sistema que la habría puesto tras las rejas, ahora –muy sorpresivamente y probablemente, en contra de su voluntad- la ha exculpado.

En el ocaso de un gobierno federal que pasará a la historia como uno de los más reprobados, Gordillo Morales comenzó a operar, desde su departamento en Polanco, a favor de López Obrador y sus candidatos. Incluso, la Procuraduría General de la República (PGR) denunció que ésta convirtió su morada en un “despacho”, para que luego un juez le prohibió mantener contacto –vía telefónica y electrónica- con personas no autorizadas judicialmente, además de que le restringió las visitas, que aumentaron considerablemente desde que se avecinaba el proceso electoral 2018.

La operación política, alentada con un interminable conflicto Gobierno Federal-magisterio, fue encabezada no solamente por ella, sino también por su nieto René Fujiwara Montelongo, su yerno Fernando González Sánchez y su incondicional “compañero de lucha”, Rafael Ochoa Guzmán. Juntos, manejaban las Redes Sociales Progresistas, que fueron clave en el inminente y hegemónico triunfo ‘morenista’.

En 2006, apoyó al panista Felipe Calderón y también operó en contra del candidato del PRI, Roberto Madrazo. Ese mismo año, López Obrador declaró que ésta lo había buscado para pactar con él, lo que rechazó, pues la consideró parte de la “mafia del poder”.

“Quería la cacique sindical, Elba Esther Gordillo, llegar a un acuerdo conmigo y le dije no, porque queremos llegar, pero con nuestra integridad y con nuestros principios, no dejando trozos de dignidad en el camino”, declaró entonces el tabasqueño, tras haber sido derrotado en las urnas.

A ello, ésta le respondió en el diario español El País: “El señor miente. El señor perdió. No hay más. Miente. Lo único que puedo decir es que miente. Perdió. Perdió (…) Si el señor tiene pruebas, que las presente”.

Gracias a su liderazgo entre el magisterio y la capacidad para utilizarlo para favorecer al mejor postor, logró cosechar riqueza, que más tarde sería exhibida con enormes lujos, como sus ocho propiedades en la Ciudad de México y otras en los Estados Unidos; además de botes de lujo, ‘jetskis’ y colecciones de ropa y bolsas de exclusivas marcas.

Las contradicciones, tras la operación ‘obradorista’

Apenas en mayo pasado, AMLO dijo –entrevistado en un programa televisivo con periodistas- que Gordillo Morales era “corrupta”, aunque aclaró que también un “chivo expiatorio” de la famosa ‘mafia del poder’, que la desechó luego de utilizarla y beneficiarse con su capital político. Ahí, comenzó a vislumbrarse una no tan digerible victimización de la polémica ex líder del SNTE y del Partido Nueva Alianza (Panal).

El día de ayer, la propuesta para la Secretaría de Gobernación (Segob) y ex ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (hasta 2015), Olga Sánchez Cordero, declaró que confiaba en el veredicto del Poder Judicial de la Federación sobre la libertad de Elba Esther, señalando además que “sí se la merecía”, pese a los antecedentes que ya todos le conocemos, como el desvío de 2 mil 600 millones de pesos cuando dirigía el sindicato más poderoso de Latinoamérica.

De que si la “maestra” ocupará un cargo importante o de asesoramiento en la administración de AMLO, no lo sabemos, pero queda claro que la relación entre ambos ha mejorado mucho y han limado asperezas; quizás no lo suficientemente evidente para algunos analistas y “conspiranoicos”, que ayer amanecieron con la mente muy “cuadrada”, sin dar cabida a un posible acuerdo político que probablemente se confirme en los próximos meses.

Lo digo: para creer que López Obrador no tiene poder por no ser aún presidente constitucional, hay que ser poco imaginativo y hasta ingenuo. Tiene incluso más que el de Peña Nieto durante todo su sexenio (ya ‘domó’ a la poderosa élite empresarial y política del país), y él mismo lo está descubriendo… o lo sabe muy bien.

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