#Columna: LA COLUMNA | EL SACRILEGIO DE MARA (Por Gerardo García)

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La Columna

 

El sacrilegio de Mara

Por Gerardo García
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Es que es casi un sacrilegio. Meterse con los héroes que nos dieron patria puede resultar peor que la corrupción o el autoritarismo para un político. Intocables figuras históricas que, más allá de su innegable legado, fueron personajes con claroscuros.

Y sinceramente, no creo que Benito Juárez se hubiese molestado porque su nombre lo tuviese, o no, una calle o un ayuntamiento.
Pues la flamante alcaldesa de Cancún se enfrenta en su primera semana a una andanada de críticas, incluso insultos, por haber propuesto una medida práctica, con sentido común, que no atenta en contra de la historia. Resulta que Mara Lezama adelantó en su discurso de toma de protesta que cambiaría el nombre del municipio para que, en lugar de Benito Juárez, se llame Cancún.
Y pues la pradera se incendió.

Más juaristas que Juárez y más Amlovers que el presidente electo, se le fueron encima a la novel presidenta municipal y la tildaron desde ignorante hasta pretender ofender la memoria histórica al borrar a uno de los héroes nacionales intocables y, por cierto, el personaje favorito de Andrés Manuel López Obrador. Sin mayor discusión o debate, una medida que parte del sentido común, es utilizada para el denuesto de una alcaldesa que sólo propone algo práctico y lógico: a este municipio y esta ciudad se le conoce como Cancún y no con el nombre del prócer oaxaqueño. Tanto sus habitantes, como en el mundo entero, se le llama Cancún y no municipio de Benito Juárez. Y eso es una realidad.

Que la decisión no debe ser una de las prioridades en el ayuntamiento es un hecho; pero también lo es que para efectos de la vida cotidiana el cambio de nombre es de igual manera una reivindicación no de una marca comercial, sino del apelativo que los ciudadanos le dan al lugar en el que viven. No es pretender borrar la memoria histórica de este municipio o este país; es simplemente sentido común.

El asunto es que en un país en que el sacrilegio político recae en aquellos que, como Mara Lezama, se atreven a tocar con el pétalo de una propuesta a los próceres intocables, el denuesto y el insulto parece ser su destino.

Sin pretender en absoluto equiparar el nombre de un hombre que dejó en efecto un legado al país con el de un programa electorero y clientelar, en Playa del Carmen debiera suceder lo mismo. Quitarle el nombre de Solidaridad y dejarle el que, en la realidad, es utilizado por habitantes y visitantes.

Bajo la misma lógica que es la del sentido común.

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