- Hernán, Gerardo y Raúl: No sólo los une la sangre, sino una profunda vocación delictiva
- Desde Tabasco a Paraguay, pasando por Quintana Roo, esta red familiar dejó un tufo insoportable
- Criminalidad con el sello de casa: Bajo el mismo apellido, saquearon presupuestos y detonaron violencia
- Complicidades políticas y delictivas, en una estructura familiar tan bien organizada… como el crimen
BOCANADAS
EL APELLIDO BERMÚDEZ volvió a ser noticia -de la mala, para no variar- este miércoles, cuando la presidenta Claudia Sheinbaum anunciara en su conferencia “mañanera” desde Palacio Nacional la captura en Paraguay de Gerardo Bermúdez Arreola, sobrino del prófugo ex secretario de Seguridad Pública de Tabasco, Hernán Bermúdez Requena (sobre quien, confirmó Sheinbaum, sigue vigente su orden de aprehensión), acusado de operar una red de apuestas clandestinas, falsificación de documentos y lavado de dinero en la nación sudamericana.
No es un caso menor ni aislado: su detención desenmascara lo que parece una estructura delictiva familiar, donde los Bermúdez no sólo comparten apellido, sino también inclinaciones criminales de alto nivel.
Según informes de las autoridades paraguayas, Gerardo -radicado allá como empresario mexicano- tenía vínculos con mafias locales que lo colocan como operador financiero de redes ilegales de juego, usando identidades falsas y cuentas en paraísos fiscales. No es su primera mancha, pero sí la más visible y detrás de ese telón aparece un apellido que contamina el aire cada vez con más hedor en México.
Gerardo es hijo de Humberto Bermúdez Requena, empresario tabasqueño dueño de hoteles y negocios en el sur del país, y hermano de Raúl Bermúdez, otro personaje del catálogo familiar con fétido olor a azufre. Su tío, Hernán Bermúdez Requena, es la cabeza visible del clan… pero no la única.

TRIPA CORTA
DEL UNIFORME A la cloaca: La historia de Hernán no es nueva, pero hoy está escandalosamente vigente, luego de años de haber sido solapado desde el poder.
Colocado como secretario de Seguridad en Tabasco por Adán Augusto López Hernández, entonces gobernador, Hernán construyó desde la cúpula una red criminal que operaba como brazo del Cártel Jalisco Nueva Generación, bajo el alias de “La Barredora”, una célula violenta que dejó tras de sí una estela de sangre, violencia y terror, que hasta el día de hoy mantiene en zozobra a los tabasqueños.
La Fiscalía General de la República lo busca por delitos de asociación delictuosa, secuestro, extorsión y vínculos con el crimen organizado. Aunque su ex jefe Adán Augusto, hoy senador y operador político de Morena, se declara sorprendido –“nunca sospeché lo que hacía Hernán”, asegura en tibia auto defensa-, la realidad lo desmiente: todos sabían quién era su jefe de la Policía. Todos en Palacio Nacional, desde el entonces presidente tabasqueño hasta su secretario de Gobernación, conocían sus antecedentes y, aún así, lo empoderaron.
Hoy, Hernán se esconde bajo la sombra de un amparo de 16 mil pesos, concedido por un juez federal en Tijuana, mientras el caso amenaza con salpicar a más de uno en la cúpula guinda.

PICADURA
DE FONATUR A huachicolero del Tren Maya: Y mientras uno huye y otro cae, Raúl Bermúdez Arreola, hermano de Gerardo, fue hasta diciembre del 2021 -llegó con AMLO en el 2018- delegado de Fonatur en Quintana Roo y director del Tren Maya en el estado. Su paso por el gobierno federal fue un desfile de escándalos, que culminaron al ser destituido por rentar de forma ilegal las Villas Chakté (antigua casa presidencial en Cancún), destinadas supuestamente a subasta pública en la campaña lopezobradorista de “austeridad republicana”, pero explotadas por él en Airbnb como alquiler vacacional personal, cuyas jugosas rentas iban a parar a su cuenta bancaria.
Raúl también adjudicó contratos millonarios sin licitación a sus amigos y allegados, y protagonizó un escándalo durante la pandemia, cuando golpeó a un vigilante del exclusivo residencial La Isla donde vivía -y nadie lo soportaba por su prepotencia- por no dejarlo pasar al gimnasio, cerrado entonces por normas sanitarias.
Aunque el tema del alquiler ilegal de la ex casa de descanso presidencial fue el menor de sus delitos -aunque fue el que lo tumbó-, lo más grave estaba por venir: recientes informes del Ejército, ocultados durante años, lo vinculan hoy directamente con su tío Hernán. Raúl Bermúdez era presuntamente el enlace para venderle al Tren Maya combustible robado (diésel y gasolina) y rentar terrenos con sobreprecio al gobierno federal.
Las cuentas son de fábula para ser un negocio familiar:
- 180,000 litros de diésel robado a la semana, a $16.50 el litro: 2 millones 970 mil pesos semanales.
- Nueve terrenos rentados a $700,000 pesos al mes cada uno al gobierno federal: 6 millones 300 mil pesos mensuales.
Un brutal saqueo orquestado desde las entrañas del poder en la Ciudad de México, con autorización tácita o real de quienes juraban desde Palacio Nacional y del de Cobián combatir la corrupción y devolverle al pueblo lo robado por gobiernos anteriores.

CENIZA SÓLIDA
LO QUE SE hereda, no se hurta: Al apellido Bermúdez no sólo lo une la sangre, sino también una profunda vocación delictiva. Hijos, hermanos, sobrinos, todos implicados en actos que van del fraude a la extorsión, del tráfico de combustibles al abuso de poder. Lo que para algunas familias es tradición, para ésta parece ser el saqueo, la prepotencia y la corrupción oficialista.
Todo esto ocurrió -vale subrayarlo- bajo la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien siendo tabasqueño conocía perfectamente a Adán Augusto… y por supuesto que también sabía quién era Hernán. Aún así, no sólo los dejó crecer, sino que les dio poder, presupuesto y credenciales de legitimidad.
No se trató de un “error de confianza”, sino de una red tejida a plena luz del día, con la complicidad de las instituciones y el encubrimiento de la narrativa oficial. Si el partido Morena -que hoy lucha por su reivindicación política ante constantes escándalos- quiere sacudirse el lodo, deberá empezar por purgar estos apellidos y mandarlos a la cloaca. Porque en este caso, la podredumbre no es individual: es de familia y con una gran capacidad para organizarse en actos delictivos.
En un país donde se pregona el combate a la corrupción desde el púlpito, el caso de los Bermúdez es una bofetada: tres generaciones, múltiples cargos y miles de millones de pesos saqueados desde adentro. Y lo más alarmante no es que hayan delinquido, sino que lo hicieron durante todo un sexenio con uniforme, fuero e impunidad total desde la cúpula del poder.




















