En Quintana Roo la sucesión del 2027 ya dejó de ser tema de café. Se está moviendo en serio y cuando se revisan números, estructura y señales políticas -no las ocurrencias- el panorama parecer más claro.
Hoy, dentro de Morena, hay dos nombres que se sostienen con datos: Eugenio Segura y Ana Paty Peralta. Y no es mera opinión, pues en mediciones recientes “Gino” aparece con alrededor del 32%, Ana Paty cerca del 20%, y más atrás con poco más del 11%, Estefanía Mercado. En otros ejercicios, incluso, la alcaldesa de Cancún se coloca arriba de la de Playa del Carmen con márgenes más amplios.
Si bien aún es temprano y eso no define la elección, sí marca el punto de partida.
EL PESO REAL DEL PODER
En este contexto, hay algo que no se publica en encuestas: quién tiene control político y quién genera confianza en la toma de decisiones.
En Quintana Roo ese factor pasa por Mara Lezama. La gobernadora no sólo administra el estado, sino que lo conduce. Tiene línea directa con la Presidencia y mantiene orden en una entidad donde la política siempre tiende a fragmentarse.
Por esta razón, lo que ya se comenta en corto va tomando fuerza y forma: después de su cuarto informe de gobierno, Mara Lezama podría dar el salto al gabinete federal, muy posiblemente como secretaria de Turismo. Si eso ocurre, la sucesión cambia de lógica y ya no será sólo quién mide mejor, sino quién garantiza la continuidad.
Y aquí hay dos perfiles claros: “Gino” Segura y Ana Paty Peralta. Ambos cercanos, ambos alineados, ambos probados. Los demás cuentan… pero más de lejos.
RESULTADOS VS. INTENCIÓN
Ana Paty juega con una ventaja concreta: ha ganado todo lo que ha competido. Y eso, en Morena, es punto fuerte a considerar a la hora de las decisiones.
Además, gobierna Cancún por segunda ocasión, que no es cualquier municipio, sino el que define por su tamaño y población elecciones en el estado. Es el que concentra votos, presión social, economía y turismo.
Del otro lado, en Playa del Carmen, Estefanía Mercado sigue en otro canal. Tiene presencia en su municipio, pero su administración no termina de asentarse. Ha dado innumerables “bandazos” con cambios constantes en su equipo, ajustes internos sin lógica y una operación que no logra consolidarse del todo, lo cual refleja desconfianza hacia la población, ya de por sí indignada por sus rudas políticas recaudatorias, despidos masivos de trabajadores y creación de dependencias onerosas e innecesarias.
A eso se suma algo que en política no se olvida: Estefanía ya perdió una elección. Y cuando se trata de definir candidaturas, ese tipo de antecedentes pesan.
EL FACTOR QUE PUEDE MOVER TODO
La presión interna en Morena es otro elemento que se está moviendo.
La figura de Rafael Marín sigue siendo un punto de tensión (lo fue en el gobierno de AMLO y de ahí que lo desterraran a Suiza), no tanto por números, sino por lo que representa en el equilibrio de grupos. Y cuando eso se complica, el partido suele recurrir a una salida conocida: el género.
Hasta el momento la figura más aventajada es la del senador Segura. Pero si la candidatura se define para mujer, el escenario cambia de inmediato.
Ahí, Ana Paty entra sin forzar nada. Ya tiene posicionamiento, ya tiene estructura, ya tiene relación política. No tendría que construirse en meses lo que otros no han logrado en años.
Estefanía, en cambio, todavía está en proceso de formación. Tiene margen, pero no volumen.
Y al final, esto no es una competencia de quién quiere más, sino una decisión de quién garantiza menos riesgos.
Hoy, con los números en la mesa y la política en movimiento, el tablero se reduce: “Gino” si es hombre. Ana Paty si es mujer.
Lo demás sigue en la conversación… pero no en la definición.

















